Tras gastar mi vida entera en escribir este tratado sobre la grandeza de Dios; le puedo decir a Dios que se puede meter este libro por el culo. Y sabiendo a Dios tan inconcebiblemente grande sé que no le causara molestia alguna.
No te voy a decir que no creas en duendes; cómo que estas hablando con uno. Pero a final de cuentas yo ni siquiera creo en los duendes que no conozco. Mucho menos vamos a andar creyendo en dios. el duende